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Sobre el Bullying o Matoneo Escolar
Por Lyda Franky
11.03.2018

El 15 de Marzo del 2013 el Ministerio de Educación Nacional emitió la Ley 1620 por la cual se crea:

 El Sistema Nacional de Convivencia Escolar y Formación para el Ejercicio de los Derechos Humanos, La Educación para la Sexualidad y la Prevención y Mitigación de la Violencia Escolar

Cuando leo este enunciado que ahora se hace oficial en el territorio nacional, pienso entonces en la masacre que ocurrió en Denver, Colorado (USA), en una escuela estatal. Recuerdo a Ursula Trusch, la creadora de la Academia Montessori para la PAZ en el mundo Montessori, quien no buscaba “culpables” pero sí cuestionaba a los “responsables” por aquellos chicos y jóvenes, y en especial su “presencia” cuando ellos confeccionaban los armamentos y guardaban los explosivos con los que causaron semejante catástrofe dentro de una institución educativa.

Es muy fácil que nos sorprendamos frente a hechos violentos en la escuela, y de consecuencias que nos abruman cuando los accidentes involucran la vida o cuando se causan lesiones permanentes para la seguridad e integridad del cuerpo físico y la salud mental.

A comienzos del año lectivo, un joven decidió arrojar una navaja al aire durante la izada de bandera en un colegio público de un pueblo de nuestra república. El cuchillo quedó clavado en el cerebro de un estudiante de la institución educativa. Tuvo que ser trasladado a una ciudad principal, para que el arma blanca fuera extraída. El año pasado un joven saltó por una pared al patio de una casa. El dueño del inmueble lo confundió con un ladrón y le disparó. Aún no se sabe de qué o de quiénes se protegía o se escondía este joven. Falleció. Un niño empuja al otro en una fila para ingresar al cole, el otro le agarra en el baño y le clava unas tijeras escolares… pero en su vena aorta. El niño murió.

Y así podríamos continuar describiendo interminablemente situaciones donde las balas, el ego, los puños y las armas improvisadas se confunden con el odio y la intolerancia, hasta llegar a la muerte. ¿Cómo nuestra cultura está fortaleciendo la verdadera esencia de la raza humana?

Vamos primero a aclarar el concepto de Bullying o matoneo escolar, el cual se ha puesto de moda hasta convertir todo acto desarmónico en “bullying”. Llámese a este concepto, acoso permanente reiterativo, ya sea de tipo físico o psicológico, hasta llegar al maltrato integral del individuo. Existe además el bullying laboral entre adultos. Ello es totalmente diferente a situaciones de impaciencia e intolerancia que todo ser humano tiene derecho a vivir. Se da con los pares en los ambientes escolares. Es necesario vivir momentos de desarmonía para poder saborear la armonía, es importante sentirse triste para disfrutar el estar alegre y feliz. Es esencial analizar decisiones no tan acertadas para poder elegir mejor en una próxima ocasión. Es decir que no podemos satanizar la experiencia para convertir todo lo que no nos gusta en bullying. Considero más importante analizar más que a los hechos o resultados tenebrosos, tomar una mirada profunda hacia los orígenes y los ambientes en los que creció el ser humano, sobre todo durante su primer y segundo septenio. Hijos de padres reproductores, proveedores, ausentes, maltratadores, que hacen leer en su pequeño que su existencia se esfuma como la neblina, que es una carga, o que su función es obedecer al tirano o actuar y pensar como el adulto así lo decida, como si no fuese un ser con vida, pensante y con libre albedrío.

¡Sí! Las heridas de infancia van sanando, pero las cicatrices marcan para siempre. O quizás las cicatrices han sanado superficialmente llevándolas al terreno del olvido, escondiendo escenas en el consciente, pero que yacen allí, ocultas en el subconsciente. Entonces elegimos dormir la conciencia para no recordar. Nos abrazamos a la superficialidad y la espiritualidad pasa a segundo plano. Abrimos los sentidos, pero esta vez no para conocer al mundo, sino para atiborrar y enloquecerlos con sonidos y frecuencias que perjudican a la persona, hasta caer en la promiscuidad, la drogadicción y todas las consecuencias fatales que ya todos conocemos: Orgullo, avaricia, ambición, que nos pueden llevar al asesinato y a la muerte.

Debemos unirnos en abrazo fraternal, tanto los padres y madres, como los adultos educadores que acompañamos a niños inocentes, indefensos, jóvenes vulnerables y confundidos, para construir una pared protectora. No para alejarlos de la realidad cruda, pero sí para protegerlos demostrándoles y demostrándonos a nosotros mismos que el amor es una energía poderosa y que sí es posible un mundo mejor y una sociedad más sana y pacífica que verifique que la equidad y la felicidad no son una utopía sino una decisión, una posibilidad, una realidad a ser construida en solidaridad y en comunidad.

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